domingo, 5 de mayo de 2013

A JAVIER DIEZ CANSECO

¿A dónde se va un hombre
bueno que no creyó en Dios?
¿Quién juzgará su vida coherente,
solidaria y principista?
¿Quiénes harán memoria de sus luchas,
de su entrega, de su bondad?
La verdad, no lo sé.
Solo sé que no entrará en el cielo de los que,
creyéndose puros,
le impusieron una sanción injusta.
Que no lo juzgarán aquellos
que mancharon su alma de sangre
con sus crímenes y prepotencias;
Que no estará en las plegarias
de los traidores, los corruptos
y los que tramaron una maniobra miserable.
Solo sé que lo recordarán
los mineros, los homosexuales, los sindicalistas
los discapacitados, las víctimas de la
violencia política, 
y las personas con habilidades diferentes.
Pero, también lo recordarán,
por otras obvias razones,
García, Fujimori, Heredia...
Precisamente, Javier, porque no fuiste un pesetero,
los pobres de Perú, los oprimidos,
y los que aman la justicia,
te lloramos con rabia y con gratitud.
 
 


 

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